Melinda Peck era una adolescente muy solitaria, no era la chica que deseaba tener una fiesta de graduación, no deseaba tener una línea de maquillaje o el último cd de Justin Timberlake, no tenía novio y todos en la preparatoria la clasificaban como "rara".
Caminaba un largo tramo desde la preparatoria al condado donde se encontraba su hogar, los caminos llenos de arboles y ruidos provenientes de grillos daban un toque de misterio a aquella chica gris de cabello negro y ojos caídos que se perdía por las noches entre la pradera; su madre falleció en 1994 a causa del cáncer de colon y su padre estaba muerto en vida, ahogado entre los licores y problemas nerviosos por la bancarrota y los negocios turbios, según cuentan la gente de los alrededores de Lyndonville el hombre prostituía a la muchacha y practicaba incesto, pero no fueron más que simples rumores,
La chica llegó una noche exaltada azotó la puerta y su gesto era nervioso, su padre no puso atención a tales gestos sin embargo le causó molestia que ella observara por la ventana tan tediosa y extrañamente; ¿que miras ahí?, el padre no podía mover las piernas de lo ebrio que estaba, la chica no puso atención a las palabras de su padre y cerró la ventana por completo así como puso candado a la puerta.
¡No cierres, odio el encierro! replicó su padre y se lanzó sobre la puerta, la chica gritó y suplicó que no lo hiciera le aseguraba y suplicaba que debían dormir encerrados esa noche, pero el padre se negó y abrió la puerta para salir, rompió una botella y exigió a gritos que le explicara que sucedía mientras se lanzaba sobre un sillón que estaba afuera junto a la puerta.
Era exactamente las 11:11 del 24 de Octubre del 2001, los alrededores de la casa eran solitarios, la chica comenzó a llorar y decidió hablar con su padre el porqué de su miedo.
Ella tartamudeaba, se jalaba el cabello e intentaba respirar, sin embargo no podía ni si quiera exhalar un aliento que no fuese inquieto, Yo lo vi, hacía cosas malas y después el me vió...
El padre hizo un gesto de confusión y al parecer se preocupó por algo en muchos años, su padre le preguntó si se trataba de un asesino, un violador o peor para el un policía, ella negó con lágrimas cayéndole por el rostro su gesto se volvía cada vez más iracundo.
No sé lo que era, era alto y tenía sangre en la boca, su-sus hojos eran totalmente negros y su piel pálida, Su padre replicó molestia y le argumentó que quizá era algún drogadicto que se había lastimado en su amnesia mental y que había caído golpeando su boca, pero ella inmediatamente negó esa teoría, le dijo casi sin respirar y con más llanto que palabras que la cosa que había visto en los montes de la pradera, se estaba comiendo las partes íntimas de una mujer, imaginen el pavor de Melinda al ver que aquella cosa devoraba, a pesar de los gritos de la mujer, con placer su pelvis, sus labios y hasta el punto de ver a carne viva su vientre.
Lo peor no quedó ahí, ella aseguró que aquel misterioso ser...la había visto.
Comenzó a seguirme, corrí fuerte pero a pesar de que el sólo caminaba yo lo sentía a mis espaldas, podía sentirle susurrar VEN.
El padre de Melinda no le creyó, prefirió suponer que su hija por traumas del pasado y el presente padecía problemas psicológicos, molesto la mandó a su habitación sin si quiera tener piedad de aquel rostro de su hija que según el cuenta "fue el peor rostro que puede un padre ver por última vez de un hijo".
Esa noche una lluvia cayó, el padre, Dave Peck sacó un paquete de cervezas y comenzó a tocar la guitarra en tanto la lluvia se volvía tormenta, el asegura que echó culpa a la imaginación y a su ebriedad los gritos que escuchaba, argumenta que su esposa gritaba así por los dolores del cáncer y pensó que solo era un vago recuerdo, se atormentaba por la culpa y la irresponsabilidad hacia su única hija, el incesto era mentira, pero la prostitución no.
Se le puede ver hoy en la prisión de Nueva Orleans como un hombre acabado por la vida, la tristeza y los traumas; nos cuenta que después de ver a su hija a la mañana siguiente la vida le había dado un golpe duro, quería morir pero decidí pagar, y terminantemente se entregó a la policía bajo los cargos de drogas, prostitución de menores, robo y asesinato.
Me asomé a su cuarto en la mañana, ella estaba ahí sobre la cama en que durmió cuando tenía cuatro añitos esa a la que solo iba temprano en navidad porque creía que papá Noel no llegaría. Estaba envuelta en las sábanas de su madre y su propia sangre, aquella cosa que ella vió antes de morir la siguió y consiguió lo que quería, sus ojos permanecieron abiertos y su cuerpo estaba destrozado.
Las cama llena de sangre es una escena que hemos visto en cientos de películas, pero en ésta vida real cerrada a creer en lo que no se ve es símbolo de un crimen, Dave Peck fue sentenciado a terminar su vida en la cárcel por cometer homicidio a su propia hija,
Juro que mi boca no consumió su sangre y que mis manos no acabaron su vida, sin embargo el haber ignorado su miedo si lo hizo.
Por si no fuera suficiente el espejo que yacía frente a la cama de quien fuera la joven Melinda Peck tenía escrito con la sangre de aquella niña una palabra que nunca olvidará Peck lo que quede de su vida...VEN.
Ahora ella me visita todas las noches en mis pesadillas y veo aquella cosa junto al espejo de su cama.
